Goiko del Castillo del Encinar CH
Goiko del Castillo del Encinar es un alano atigrado con muy buena planta, tocado con un don especial y siempre pendiente de todo. No porque sea un alano, que también, sino porque no le gusta pasar desapercibido y es más chulo que un ocho. Ahora vive tranquilo y relajado, tanto como le permite su carácter y responsabilidad. Goiko es el jefe de una jauría, tiene que mantener el orden. No suele tener problemas, solo cuando a alguno de los podencos se le cruza algún cable. Le gusta cazar y agarrar ganado. Cuando oye el remolque y ve los collares de protección la emoción le vuelve loco. Lo del gusto por la caza le viene de sus antepasados. Alguno, como su padre Curro, muy famoso por su saber estar y hacer. Nació en casa de Javier Astorga. A los tres años llegó a Corniero, y allí lleva con Paco más de cinco años. Al poco tiempo ya cogió algún jabalí. Agarrar ganado bravo es una de sus pasiones, alguna que otra clase magistral ya ha impartido.
Goiko distingue tres momentos importantes en su oficio:
-Cuando se prepara todo para la cacería: los collares, el remolque....la excitación y el comienzo de la búsqueda de rastros.
-El segundo, el encuentro con el contrincante, frente a frente, el tiempo se detiene. Agilidad y pericia para agarrar. En ese instante siente de todo, es el más emocionante y peligroso. Ha visto caer a compañeros y aunque él ha tenido algún contratiempo siempre los ha superado. Nunca olvidará el encuentro aquél con un peligroso novillo según decían. -¡Quitar a ese perro que me lo mata!-..., oyó decir al dueño del bicho que pensaba que el alano era una mona, mientras él, después de llevarse una tarascada y rodar por el suelo lo tenía agarrado por la cabeza con un par de cojones como también creyó oir a alguien.
-El tercero es el mejor: después de tanta tensión y lucha, dejarse llevar y tumbarse sobre el suelo es maravilloso. Y si alguien se le acerca, lo felicita y le dá unas palmadas, sigue emocionandose como cuando era un cachorro. Los años no han mermado ni un ápice su entusiasmo.
Sus ojos siguen brillando como cuando yo lo conocí en casa de mi buen amigo Javier Astorga.